La sobremesa me parece valiosa porque, aunque se coma tarde, crea un espacio para conversar sin prisa. Por ejemplo, en España he visto que las familias se quedan en la mesa tras el postre para debatir noticias o contar anécdotas. En mi país, en cambio, solemos levantarnos rápido para volver al trabajo, por lo tanto la charla se reduce.
Sin embargo, también hay similitudes cuando se celebra algo importante. Por ejemplo, en cumpleaños o bodas, tanto allí como aquí la gente prolonga la comida y comparte café. Si se mantuviera ese tiempo con más frecuencia, es posible que mejorara la convivencia.
En conclusión, aunque los ritmos diarios sean distintos, la sobremesa muestra que la comida puede ser un acto social. Ojalá que en mi comunidad se valorara más ese momento, para que no todo sea productividad.